Una de perros

SPUTNIK II SPACE DOG

Hay cosas que se pueden discutir en esta vida. Otras no. Para el resto existe el cristianismo.
Entre las cosas innegociables se encuentra la pregunta fundamental, la pregunta primigenia que aúna a un ser humano con otro, que disuelve diferencias de credo, raza y tendencia músical. Que es capaz de unir a los papafritas que se hacen los cultos y no escuchan punk, con los que escuchan punk y deberían juntarse con aquéllos para salir de su creencia de punk o nada. Es decir, la pregunta que tarde o temprano todos nos hacemos y que tiene tanta importancia como la pregunta por la muerte: ¿por qué mierda los perros le ladran a los autos?
Grandes teóricos se han dedicado a tratar de responder a esta pregunta. Si mal no recuerdan, uno de los primeros seres vivos en ser enviado al espacio fue una perra, la perra Laika. Probablemente los científicos hicieron esto para ver si las condiciones alternas del ambiente hacían que la perra no le ladrara al carrito explorador con ruedas que la nave espacial llevaba consigo. Nunca se supieron los resultados…
Yo en un principio -les comentaba a unos amigos- me preguntaba por qué le ladraban tanto a caballos como autos. Por suerte pude reducir el problema a una pregunta: los perros le ladraban a los autos porque tienen caballos de fuerza. Sin embargo, la pregunta fundamental seguía sin ser respondida. Al menos hasta hoy…
Hoy tuve una epifanía: si se fijan con atención los perros no ladran a los autos, les ladran a las ruedas. Entonces, por derivación, ¿qué es la rueda? El invento primordial del hombre.

Sí sí señores, usted lo ha decifrado conmigo. Le ladran a la civilización, le ladran a la tecnología, le ladran a la evolución del consumismo liberal. ¡Qué grandes los perros! ¡Son metafísicamente más libres que nosotros! ¡Y se cagan en nosotros como cuando pisamos sus soretes! (soretes que merecemos porque nosotros inventamos la rueda). Algunos son tan atrevidos que intentan con sus propias fauces detener el movimiento de la rueda, como diciendo “dejá de dar vueltas che!”
En definitiva, hoy aprendí de mis amigos los perros que tengo que dejar de dar vueltas. Saluden a Heráclito de mi parte. Chau
Pd: si no entendieron lo que les traté de transmitir vuelvan a comenzar a leer este escrito y podrán entender qué se siente ser una rueda.

Tate Rodríguez

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